Gardel y Piazzolla, juntos en Mar del Plata

Rodolfo De Paolo cuenta (¿o canta?) la historia del barrio San José casi en ritmo de milonga. Y en su decir, en el que juegan natural e inevitablemente poesía y melodía, aparecen juntos los dos más grandes mitos de la canción ciudadana: Carlos Gardel y Astor Piazzolla.
Juntos, aquí, en el barrio San José, en la esquina de Independencia y Matheu.
De Paolo integró el recordado grupo Los Cuatro Rumbos. Gracias al folklore conoció el tango desde sus raíces camperas. Y cuando miembros de la comisión pro monumento a Gardel en Mar del Plata le propusieron investigar sobre la historia de "El Zorzal", se dio de lleno a la tarea. Recorrió un infinito de publicaciones y de archivos. Buscó testimonios, encontró varios inéditos. Y así la pasión artística le hizo lugar a una veta de historiador. Y hoy, en un todo integrador de sus pasiones, es candidato a patriarca de un grupo artístico familiar que, hasta con ánimo pedagógico, está llevando a distintos países su espectáculo de canto, baile y relato histórico, como lo refleja su página web www.tangodeapolo.com.ar.

Ajenjo y pernot

Barrio San José en los años 20. Rodolfo pinta con las palabras. Algunas están escritas, como las de una nota con su firma y bajo el título "Gardel en Mar del Plata", en la revista Con Todos (Toledo) de hace once años: "tiempo de quintas y carretas, de studes y caballos, de "ajenjo" y "pernot" en los boliches de Cabeza o Marcón".
Donde hoy es el Campo Municipal de los Deportes había un hipódromo. Era uno de los más importantes del país. Llegaba hasta allí una avenida Independencia con cantero al medio y tranvía. La Diagonal Lisandro de la Torre era conocida como la "Diagonal de los studes".
Rodolfo ahora habla en el diario y por instantes lo hace con un tono que parece extrañar el bordoneo de una guitarra: porque está el Gardel estelar, el de las visitas rutilantes a Mar del Plata --la primera con Razzano, en febrero del 16, gordito, como lo muestra una conocida foto en la Rambla Bristol; la segunda, siendo ya muy famoso, para presentarse en el Teatro Odeón, también con Razzano, y la última en el 27, ya un grande que aclamarán en el Palace Theatre, que estaba en la Galería Bristol.
Pero hay otro Gardel en Mar del Plata, secreto, "el que se le pianta a los historiadores tradicionales", advierte De Paolo antes de contar: "es que venía en función de turfman. Es en la década del 20 y no hacía mucho que habían inaugurado las vías a Miramar y la estación de Cargas. El viajaba en tren desde Buenos Aires, casi siempre acompañado de un amigo, trayendo uno o dos caballos que bajaba en la nueva estación de cargas, justo frente a la entrada de aquel hipódromo que tenía una impresionante cúpula francesa como podemos ver hoy en una foto que se exhibe en la Pizzería Los Inmortales". Alrededor, eran numerosos los studes y las caballerizas --entre ellas las de las familias Capister, Cabuciero, Bruzzone--, y más allá quintas, lagunas y corrales, según la expresiónr de Fortunato Longui, rescatado por De Paolo. Y cerca, en Independencia y Matheu, dos bares de leyenda: El Retiro de Manuel Cabeza y en la ochava opuesta el "de Marcón" (hoy local de la firma Urbania). En éste, a veces inmigrantes españoles e italianos demostraban que podían llevarse bien. En aquel una "grey particular", comenta nuestro tanguero historiador: en la que se podía distinguir, aunque no siempre con facilidad, a literatos ignotos, gente del barrio, cantores, payadores, visitantes ocasionales, turistas raros para la época y personas del turf. Un abanico de bohemios. Y entre ellos, allá por setiembre del 22, Carlos Gardel, apareciendo poco menos de sorpresa, precedido por el rumor que desde el día antes recorría febril el barrio San José: "hoy va a cantar en lo de Cabeza"; en lo de su amigo Manuel Cabeza Veramendi.

Asunta y Nonino

"En algún momento --relata De Paolo-- Gardel perdió apostando con La Paisanita, aquella vez no había traído a su famosísimo Lunático. Y entre sus contertulios, en esa oportunidad, estaban los hermanos varones de Asunta Manetti, sí...integrantes de la familia materna de Astor Piazzolla. Es que los Manetti vivían al lado de ese bar. Los viejos marplatenses recordarán la quinta de los Manetti, que daba a Independencia, entre Matheu y Formosa. La tiraron hace unos ocho o nueve años e hicieron un complejo de gomerías. Ahí venía Astor con sus padres, Nonino y Asunta, cuando querían descansar. Es que había sido en ese lugar que Nonino y Asunta empezaron a noviar. Nonino arreglaba bicicletas, también fue peluquero, sabía varios oficios y muchos lo identificaban porque andaba en una Harley Davison. Es Nonino el que decide probar suerte en los Estados Unidos y allí estaba con Astor adolescente cuando Gardel estaba preparándose para filmar una película. Entonces Nonino le habla a Gardel, al que conocía del bar El Retiro del barrio San José de Mar del Plata, de que su hijo, de apenas doce o trece años --no puedo precisarlo ahora--, ya toca el bandoneón y Gardel le pide que se lo mande. Así se produce el primer encuentro personal entre los dos más grandes. Va Astor sólo y con su bandoneón al hotel de Nueva York donde El Zorzal se hospedaba, y éste le pide que le muestre algo de lo que sabe hacer con el fuelle. Y el monstruo de Astor, todavía un pibe, se descuelga con Rapsodia Azul de Gershwin. Gardel quedó fascinado. Ahí nomás le ofreció incluírlo en la película --"El día que me quieras", con ese memorable fotograma de Astor pebete y como canillita-- y también llevarlo en gira de conquista por toda América Latina. Pero Nonino se empecinó en que no dejaría a su hijo hacer ese viaje sin que ellos, sus padres, lo acompañaran. De no haber sido así, Piazzolla habría muerto con Gardel en el aeropuerto de Medellín, aquel 24 de junio del `35".
Barrio San José en los años 20. También en los 30 cuando en su segunda mitad aquel hipódromo declinó. Y las evocaciones que siguen brotando de la gola emocionada de Rodolfo De Paolo, mientras su hijo Leandro, ya bailarín y profesor de tango, más que mirarlo, lo admira: damas con capelina bajando de las volantas, caballeros de saco y sombrero; el padre de Antonio Cuevas, el futuro boxeador, escribiendo poemas en la mesa del bar El Retiro; también un olvidado Tomás Ciudad balbuceando versos en aquel bar, ajeno a su trabajo de encargado de viveros, ya desaparecidos, situados en la avenida Juan José Paso, entre España y 14 de Julio.
Y Carlos Gardel, bajo unos árboles, esta vez al mediodía, radiante, una rueda de diez personas, su canto bellamente imposible, otra guitarra en manos del negro Ricardo, chicos curioseando de más lejos y el anfitrión Rafael Carbuciero --el padre de quien sería intendente-- acomodando las brasas para el asado.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

En referencia a la presencia de Carlos Gardel en Mar del Plata lei en otro articulo sobre una foto de Carlos Gardel Paseando por la Rambla del Brazo con su mama Berta. Segun la nota Gardel gordito con 17 años de Edad. ¿Existe realmente o tienen Uds idea si dicha foto, esta en algun lado o en manos de quien?. Muchas Gracias Jose Alfredo Rosamonte

Jose Alfredo Rosamonte dijo...

En referencia a la presencia de Carlos Gardel en Mar del Plata lei en otro articulo sobre una foto de Carlos Gardel Paseando por la Rambla del Brazo con su mama Berta. Segun la nota Gardel gordito con 17 años de Edad. ¿Existe realmente o tienen Uds idea si dicha foto, esta en algun lado o en manos de quien?. Muchas Gracias Jose Alfredo Rosamonte