El púlpito, aquel medio para difundir la Revolución de Mayo

¿Cuál fue el papel de la Iglesia (y el término abarca a la institución, a sus dignatarios y a los fieles) en los años de la Revolución de Mayo? Nos responde Daniel Reynoso, historiador e investigador del Departamento de Historia de la Facultad de Humanidades (UNMdP).
"Veamos el contexto. En ese momento (mayo de 1810) toda la sociedad era Iglesia. El catolicismo tenía un impacto muy fuerte en una sociedad estamental, muy conservadora, como la virreinal. Salvo los comerciantes británicos y algunos extranjeros, todo lo demás pertenecía a la Iglesia Católica.
En el Cabildo Abierto no sólo participa el obispo Lué, quien, al desmoronarse el gobierno de España, plantea la posición de que mientras haya un español en América, es ése quien debe gobernar en las colonias.
El clero secular, aquel que está más en contacto con la sociedad, estaba integrado por muchos sacerdotes formados en la Universidad de Córdoba, que para entonces (mayo de 1810) llevaba más de 200 años de existencia.
Y muchos de esos sacerdotes estaban influídos por las ideas del jesuita Francisco Suárez, quien había dicho que la Soberanía de Dios pasaba al Príncipe y del Príncipe al Pueblo. La soberanía quedaba en el Pueblo al no estar el Príncipe.
Esa era la visión del sector católico. Los que habían leído a Russeau (como Moreno, Castelli y Belgrano), decían que la Soberanía residía en el Pueblo, que se la daba al Príncipe. No estando éste, la soberanía volvía al Pueblo. Así ambos corrientes ideológicas, en Mayo coincidían en la consecuencia.

26 sacerdotes

- ¿Cuántos sacerdotes participaron del Cabildo Abierto?
- Participaron unos 26 sacerdotes. Y unos 20 de ellos ya van con la idea de reemplazar al virrey. Luego, y al seguir analizando el papel de la Iglesia en aquel tiempo, se ve que ideas de la Revolución Francesa, como las de Libertad, Igualdad y Fraternidad, serán expresadas por el Dean Funes, quien fue rector de la Universidad de Córdoba y tuvo una influencia notable sobre la Revolución de Mayo. Es entonces uno de los principales defensores de la Libertad de Prensa. Y estará en el congreso que declara la Independencia, en 1816, y también en el congreso de 1824, ya con Rivadavia.
- ¿Qué sucede con el papel de la Iglesia cuando la Revolución avanza hacia el interior de las Provincias Unidas?
- Un factor importantísimo es la difusión de las ideas de la Revolución. Es en ésto en lo que el púlpito juega un rol determinante, porque el púlpito era entonces el luegar desde el que se expresaban las ideas, era uno de los medios de comunicación de entonces.
- ¿La Primera Junta era pro clerial, aceptaba a la Iglesia, trataba con ella?
- La Primera Junta tenía un sacerdote, Manuel Alberti. Pero, volvamos al principio: en esa época prácticamente todos (los dirigentes) son Iglesia. No Iglesia no podía quedar ajena a lo que sucedía. Lo que aún para los historiadores no queda totalmente perceptible es que pasó con los que se opusieron a las ideas y propósitos de la Primera Junta. Porque, y el Plan de Operaciones de Mariano Moreno hasta lo hace expreso, no se había que permitir ninguna clase de oposición. Porque quien asumía resueltamente la oposición, le ocurría lo que los sucedió a Liniers y a Alzaga: se los fusilaba. Y a los españoles, a los descendientes directos de España y a sus hijos, se los aparta de todo tipo de actividad, sea de la Iglesia, del Comercio, del Ejército...

El Patronato, el Estado

- Sería interesante abundar en esa visión del púlpito como un medio de comunicación.
- Como decía, fue importante la formación de los sacerdotes, sacerdotes que ya de los tiempos del virreinato dependían de la voluntad del virrey en el Río de la Plata, y esta institución, que es el Patronato, se traspasó a las autoridades de la Junta y ésto habrá de repetirse en todo lo que es la continuidad y la conformación del Estado. El patronato siempre habrá de quedar en manos del Ejecutivo político, por lo que venía del virreinato y que había sido una delegación del Rey de España en los virreyes en América. Esa institución va a seguir. En el interior, obviamente que hay hasta discursos distintos de lo que es la Revolución de Mayo, ya sea por ejemplo en el Norte. Cuando el Ejército del Norte está en manos de Belgrano, y luego de Castelli, hay matices.
Cuando se dan las batallas, las de Salta, la de Tucumán, hay un rol muy importante de los sacerdotes y de los obispos respecto del apoyo o no apoyo a las fuerzas del Ejército.
En el Perú, hubo sacerdotes que organizaron a los aborígenes como fuerza de apoyo a la Revolución. Y fueron muy importantes como factor histórico, porque siempre estamos acostumbrados a pensar que las batallas de Tucumán y de Salta Belgrano se las gana a los españoles, y en realidad se las gana a ejércitos compuestos por peruanos y bolivianos --diciéndolo según las actuales nacionalidades-- que venían sobre el (ahora) territorio argentino. Dicho en este sentido, no había un "ejército español.
- ¿Se podría cerrar este análisis histórico llegando a la figura de Bernardino Rivadavia...no cierto?
- Sí, también hoy una etapa muy importante que no es con Rivadavia presidente, sino que es la gobernación de Martín Rodríguez, en la que Rivadavia es ministro, y en la que se  dio la reforma eclesiástica; reforma en la que hay una acción directa sobre las órdenes eclesiásticas, especialmente sobre los dominicos, a los cuáles se les expropian las propiedades. ¿Por qué? Porque lo que pone en discusión el gobierno de la provincia de Buenos Aires en ese momento es precisamente la institución del patronato y el sostenimiento de la Iglesia. Porque cuando arranca el gobierno de Martín Rodríguez lo hace debatiendo sobre la cuestión económica del funcionamiento del Estado. Entonces lo que hace es el retiro obligatorio (que es la reforma militar) de oficiales y parte de los que son los soldados, a los que se los da de baja para hacer sostenible el presupuesto. Otra parte de la reforma tiene que ver con la Iglesia, y precisamente con la reducción del clero, y sobre todo eliminar algunos focos de resistencia que hay sobre lo que es la idea de laicisidad que propone Rivadavia. Y también lo que hace a las reformas económicas sobre presupuesto, contribuciones, que es lo que genera después la idea de la "Feliz experiencia"*
- ¿A que se le llama "Feliz experiencia"?
- Al período de cuatro años, en el que a la provincia de Buenos Aires le fue muy bien, reacomoda sus finanzas, reordena su economía con Rivadavia, y se comienza a acentuar el poder de los estancieros sobre la Aduana de Buenos Aires.
- ¿A qué conclusión llegamos?
- Lo interesante que es ver cómo todos los sectores de la sociedad en algún momento debaten o confluyen acerca del rol del Estado, acerca de lo que era la conformación de la Nación, es decir sobre qué bases se iba a establecer la idea de un gobierno y de un Estado. Creo que la Iglesia fue parte de esa discusión. También pienso que, seguramente como resultado de la gran novedad que supone, con el cardenal Mario Bergoglio, la histórica elección de un papa argentino, me parece que hay una nueva mirada acerca de lo que ha sido el papel de la Iglesia a lo largo de toda la Historia Argentina.

Dólar, del Rodrigazo al Default

Por Ramiro Castiñeira (*)

El Rodrigazo (1975), la Tablita (1978), las hiperinflaciones (1989/90), el Plan Bonex (1990), el Corralito, el Corralón, el Default (2001/2002), desde hace unos años nuevamente la inflación y ahora las restricciones al mercado de cambios, explican en buena medida por qué el sector privado prefiere ahorrar en dólares y, preferentemente, sin intermediación de instituciones locales.
En números, durante la Convertibilidad el sector privado duplicó su ahorro en activos externos. Pasó de 50 mil millones a 100 mil millones entre 1991 y 2001, que en porcentaje del PBI implicó un incremento del 25 a 38 por ciento en el periodo.
Tras el colapso de la Convertibilidad, la dolarización continuó en ascenso. El stock de ahorro privado en activos externos pasó de 100 mil millones en 2001, a poco más de 191 mil millones a fin del 2011, magnitud que en porcentaje del PBI pasó de 38 a 44 por ciento.
Los guarismos advierten que en crisis, sin crisis, con crecimiento, en recesión, con gobiernos liberales o más heterodoxos, igualmente el sector privado destinó en promedio el 2,9 por ciento del PBI anual a la compra de dólares (y otros activos externos) durante las últimas dos décadas.
En efecto, desagregado por períodos, durante el transcurso de la convertibilidad (1991-2001) el sector privado destinó el 1,9 por ciento del PBI anual a la compra de activos externos, con un pico de 4,4 por ciento en la crisis del "Tequila" de 1995.

2005, un año de excepción

Luego vino la crisis de la Convertibilidad, que disparó la dolarización de privados a un máximo de 7,7 por ciento del PBI en 2002. En 2003 todavía se mantenía elevada en 6,9 por ciento del PBI. Si al periodo que duró la Convertibilidad se suman los años de su crisis (2002-2003), el ritmo de dolarización privada se eleva a 2,8 por ciento del PBI por año (1991-2003).
La recuperación económica con superávit fiscal y externo, sumada al exitoso canje de deuda pública, llevó a 2005 ser el único año en que el sector privado no incrementó su dolarización y prefirió invertir su ahorro en activos locales. Esta preferencia se reflejó en el brusco descenso del "Riesgo País" a valores similares a los de Brasil.
Pero cuando el cuadro macroeconómico se comenzó a debilitar, volvió la dolarización. Al repunte de la inflación, con los años se sumó la pérdida del superávit fiscal, la pérdida del superávit externo, la reaparición del déficit energético, la pérdida del tipo de cambio competitivo y como consecuencia la pérdida de la tasa de crecimiento.
El deterioro macroeconómico llevó al sector privado a incrementar su ritmo de dolarización ante los mayores riesgos en la economía. Entre 2003 y 2011 el sector privado destinó en promedio el 3,2 por ciento del PBI anual a la dolarización de cartera. En 2011 fue del 4,2 por ciento del PBI.
Una diferencia entre las últimas dos décadas es que si bien el ritmo de dolarización en la post convertibilidad es mayor al promedio que se observó en los noventa (1,9% del PBI versus 3,2% del PBI), vale advertir que también aumentó la capacidad de ahorro de la economía. Este mayor ahorro permitió no sólo marcar nuevos récord en niveles de inversión respecto de los noventa, sino también incrementar el ritmo de dolarización.
En números, el ahorro (PBI menos consumo), pasó de 17,6 por ciento del PBI en la convertibilidad, a 27,7 por ciento en la post convertibilidad. Si el ahorro en la convertibilidad era del 17,6 por ciento del PBI y la dolarización del 1,9 por ciento del PBI, implica que el 10,8 por ciento del ahorro de la economía se destinaba a la compra de activos externos.
En la Post Convertibilidad, el ahorro se elevó a 27,7 por ciento del PBI, lo que permitió marcar nuevos récord de inversión, pero también incrementó el ritmo de dolarización, que subió a 3,2 por ciento del PBI. La dolarización del periodo fue del 11,6 por ciento del ahorro, magnitud no muy diferente al 10,8 por ciento del periodo de la convertibilidad.
De hecho, a modo de ejercicio, manteniendo la proporción de ahorro que se destinó a la dolarización durante la convertibilidad (10,8 por ciento del ahorro), al mayor nivel de ahorro en la post convertibilidad (27,7 por ciento del PBI), implica que la dolarización hubiese aumentado a 3 por ciento del PBI por año. No muy lejos del 3,2 por ciento del PBI que efectivamente se observó.
Otro aspecto no menor es cómo se financiaba esta dolarización privada. En los noventa la dolarización de privados la financiaba el Gobierno. Se endeudaba y vendía empresas para alimentar el anhelo de dólares del sector privado. Con el tiempo sobrevino el peor final, a la altura de la década. El Estado financió la salida de capitales hasta su último aliento, dejando a un Gobierno sobreendeudado y un Banco Central vaciado, además de un desempleo récord, una industria quebrada y una pobreza del 50 por ciento.

Las restricciones

En la Post Convertibilidad, la dolarización de privados se financió principalmente con recursos que generaba el propio sector privado. Simple: se ahorra parte del milagro llamado soja.
Pero para 2011, el deterioro macroeconómico (pérdida del superávit fiscal, externo, energético, del colchón cambiario, pérdida del crecimiento económico, inflación del 25 por ciento y maraña de subsidios), la dolarización privada llegó a 4,2 por ciento del PBI anticipando el ajuste, magnitud que comenzó nuevamente a insumir las reservas del BCRA. Cuando el Banco Central perdió u$s 5.000 millones por financiar la salida de capitales (previo a las elecciones), por no devaluar, llegaron las restricciones en el mercado de cambios.
Las nuevas restricciones al ahorro en moneda extranjera generaron la reaparición del dólar informal, actualmente un 32 por ciento superior al oficial ($4,72 versus $6,24). Este "dólar" encuentra su oferta desde el ahorro privado acumulado, que vimos llega a u$s191 mil millones, 44 por ciento del PBI.
En suma, la dolarización no es un fenómeno nuevo, sino que el sector privado destina en promedio 2,9 por ciento del PBI a la compra de activos externos, para no exponer todo el ahorro al riesgo local. La "revolución verde" y los elevados precios internacionales permitieron elevar los niveles de dolarización casi un punto del PBI. Dicho de otra manera, la proporción del ahorro que se dolariza no varió las últimas décadas (12,8 por ciento), sino lo que varío fue el nivel de ahorro (del 17 al 27 por ciento del PBI).
Por supuesto, a mayor deterioro macroeconómico, mayor dolarización "preventiva". Regla que rige tanto en los noventa como en la Post Convertibilidad, con o sin restricciones en el mercado de cambio.
El anhelo de dolarización privada ahora no afecta a las reservas del Banco Central, pero sigue afectando a la economía. Al igual que pisar el precio de la energía, es fácil pisar el precio del dólar, pero es difícil de salir sin una crisis.

* Economista en jefe de Econométrica

Los residuos y una política continuada

Al inaugurar las actuales autoridades el nuevo predio de disposición final de residuos, está llegando a su fin una etapa en la historia ambiental de Mar del Plata.
No es una historia agradable como lo demuestra la impresionante montaña de basura ubicada al sur de Mar del Plata, de una altura de 70 metros y varias hectáreas de extensión, y en la que trabajan decenas de familias de recicladores en condiciones infra-humanas.
Arrojar sin tratamiento la cantidad de desperdicios cada vez más grande de la población de Mar del Plata, de unas 600 toneladas diarias durante el invierno y alrededor de 1000 toneladas durante los meses de temporada alta, creó un foco contaminante de graves consecuencias para el medio ambiente de la región.
Por ésto, la obra que se ha inaugurado, dotada de la tecnología necesaria para neutralizar los efectos contaminantes, implica para los funcionarios, más que un éxito político, un gran alivio, la tranquilidad de haber hecho lo que se debía hacer para preservar la salud de la gente y el respeto por la naturaleza.
Más que un logro, es el cumplimiento de un deber, que se venía posponiendo desde hace dos décadas, ya que la emergencia de la disposición final de residuos data del comienzo de la década del 90.
El acto reciente supone también tanto un reconocimiento a las actuales gestiones de gobierno en los tres estamentos del Estado, como a las anteriores, ya que, sólo considerando el nivel municipal, los primeros pasos en busca de una solución fueron dados por el intendente Elio Aprile, el proyecto que ahora se concreta fue gestado en tiempos del intendente Daniel Katz, con la activa participación del entonces titular del Emvisur, arquitecto Antonio Costantino, y los concejales Marcelo Artime (Acción Marplatense) y Rodolfo Worschitz (justicialista), y en el tramo que culmina ahora el fuerte trabajo sobre lo ya actuado, retomando inclusive propuestas de su autoría en su tiempo de edil, por parte del intendente Gustavo Pulti.
En tiempo de exacerbación de las confrontaciones, de escaso o nulo reconocimiento al oponente político, la historia desagradable de la basura no obstante tiene como contracara positiva una suerte de política de Estado que, pretendida o no por los mismos protagonistas, logró desarrollarse en esa búsqueda de la mejor solución para el tema de los residuos. Y pese a todo: pese a las sucesivas crisis, incluyendo por supuesto la del 2001-2002, y pese al sube y baja político.

Un poco de historia sobre YPF

Por Aleardo F. Laría
para DyN

Las naciones, como las personas, intentan aprender de sus errores para evitar repetirlos. No siempre lo consiguen.
En ocasiones, el simple paso del tiempo borra los recuerdos y favorece una pertinaz compulsión a la repetición. Einstein señalaba que la estupidez consiste en hacer las mismas cosas y creer que se van a obtener resultados diferentes.
En la década del 90, el peronismo -bajo la máscara del menemismo- se puso a la cabeza de un movimiento privatizador que pulverizó toda la estructura de empresas estatales. A diferencia de otras naciones, como España o Brasil, que hicieron un proceso de privatización inteligente, que llevó a conformar grandes empresas nacionales que se convirtieron en poderosos actores globales, en la Argentina la furia privatizadora no tuvo límites y las empresas estatales fueron graciosamente entregadas a grupos multinacionales extranjeros.
El caso emblemático ha sido el de YPF. Gracias a la activa intervención del entonces gobernador de la provincia de Santa Cruz, Néstor Kirchner, que presidía la OFEPHI (Organización Federal de los Estados Productores de Hidrocarburos), YPF fue privatizada y luego desnacionalizada, al admitir la compra de sus acciones por la empresa española Repsol.
Los servicios prestados por Kirchner fueron generosamente retribuidos por el presidente Menem -"el mejor presidente que ha tenido la Argentina", Kirchner dixit- quien reconoció a la provincia de Santa Cruz más de 600 millones de dólares por "regalías mal liquidadas", origen de los famosos fondos de esa provincia fugados al exterior.

Empresas y prebendas

El proceso de privatización del peronismo de los 90 fue acompañado de la aprobación mayoritaria de la población por una razón muy simple: todas las empresas públicas privatizadas, sin excepción, ofrecían servicios deficientes y generaban ingentes pérdidas que eran enjugadas en los presupuestos públicos.
Existía el convencimiento de que las empresas públicas eran caladeros de prebendas en las que pescaban militantes políticos, corporaciones sindicales y empresarios de "la patria contratista".
En su último discurso, la presidenta Cristina Fernández admitió que YPF "terminó presa de las empresas contratistas y de los partidos políticos de turno", aunque omitió decir que el "partido de turno" era el suyo.
En la literatura política se denomina spoil system (sistema de expolio) la explotación que un partido político hace de los recursos públicos para financiar su actividad proselitista, que utiliza de modo diverso, ya sea incorporando militantes en las empresas públicas, desviando recursos o utilizando desaprensivamente la infraestructura pública.
Técnicamente, se está en presencia de una malversación de caudales públicos, pero cuando esta práctica está instalada sólidamente en una cultura populista, no es objeto de reprensión penal.
Otra fórmula menos visible consiste en recibir prestaciones gratuitas de los concesionarios de servicios públicos. Un ejemplo reciente lo suministra un dirigente socialista de Santa Fe, quien ha denunciado que los colectivos que transportaron militantes de La Cámpora al acto de Rosario pertenecían al Grupo Cirigliano, el dueño de TBA la empresa con responsabilidades en el trágico accidente de Once.
Lo que explica también por qué los entes reguladores, controlados por el oficialismo, renuncian luego a su función de vigilancia, en agradecimiento a los favores recibidos.

Nueva ola reestatizadora

En los momentos actuales, -donde el peronismo se presenta bajo la máscara del kirchnerismo- se asiste al retorno de una ola reestatizadora, bajo una retórica que reclama la presencia del Estado como gesta recuperadora de una soberanía perdida.
Todos los indicios señalan el deseo inequívoco del actual gobierno de forzar un proceso de venta de las acciones de YPF, actualmente en manos de Repsol, a través de actos preparatorios consistentes en acusar al grupo español de haber desinvertido en actividades de prospección para posibilitar un espectacular reparto de utilidades.
La acusación está respaldada por datos incontrovertibles, pero se omite señalar que la curiosa operación de "argentinización" que ha dado lugar a la desinversión fue propiciada por Néstor Kirchner para que 25% del paquete accionario de la compañía YPF fuera a parar a manos de la familia Eskenazi, que en esos momentos pasaban por ser amigos del poder y, por consiguiente, "expertos en mercados regulados".
Los Eskenazi, a través del Banco de la provincia de Santa Cruz, habían sido los gestores de los famosos fondos fugados al exterior.
La eventual aventura de reestatización de YPF, en el contexto actual de vigencia exacerbada del spoil system, tiene todos los ingredientes para convertirse en un nuevo "caso Aerolíneas Argentinas", donde el Estado debe poner cada día dos millones de dólares para sostener financieramente a la compañía. El ejemplo ofrecido por el resto de empresas reestatizadas en los últimos años -Correo Argentino, ferrocarriles, Aguas Argentinas, etc.- tampoco ofrece perspectivas demasiado alentadoras.
Mientras el Estado argentino no ofrezca verdadera capacidad de gestión, todas las medidas reestatizadoras aumentarán los problemas actuales, tal como lo demuestra palmariamente el estado de abandono de las infraestructuras ferroviarias y las dramáticas consecuencias que se han podido apreciar en la tragedia de la estación Once.
Las empresas públicas terminan siendo un festín para concesionarios inescrupulosos, agentes públicos corruptos y sindicalistas devenidos en empresarios contratistas de mano de obra barata.
Los entusiastas partidarios del gobierno "nac&pop" deberían reflexionar sobre la incoherencia que supone defender el rol creciente del Estado, al mismo tiempo que en la práctica se apuntala un aceitado sistema de expolio concertado entre el partido en el poder y las tramas sindical-empresariales.
No deja de ser aleccionador mirar el caso de Brasil, que sí ha conseguido, a través de Petrobras, construir un conglomerado empresarial impresionante. Y esto ha sido porque ha sabido preservar la capacidad de gestión empresarial, conformando una empresa mixta blindada ante el clientelismo político.
Sin librarse de la pesada losa del spoil system; sin tener una visión compartida sobre el rol del Estado que evite la recaída en un nuevo pendularismo; sin fijar una política energética consensuada entre la Nación, las provincias y la oposición, que fije metas de corto, mediano y largo plazo, la Argentina seguirá condenada a repetir una historia de recurrentes fracasos.

Un poco de historia sobre YPF

por Aleardo F. Laría

Las naciones, como las personas, intentan aprender de sus errores para evitar repetirlos. No siempre lo consiguen.
En ocasiones, el simple paso del tiempo borra los recuerdos y favorece una pertinaz compulsión a la repetición. Einstein señalaba que la estupidez consiste en hacer las mismas cosas y creer que se van a obtener resultados diferentes.
En la década del 90, el peronismo -bajo la máscara del menemismo- se puso a la cabeza de un movimiento privatizador que pulverizó toda la estructura de empresas estatales. A diferencia de otras naciones, como España o Brasil, que hicieron un proceso de privatización inteligente, que llevó a conformar grandes empresas nacionales que se convirtieron en poderosos actores globales, en la Argentina la furia privatizadora no tuvo límites y las empresas estatales fueron graciosamente entregadas a grupos multinacionales extranjeros.
El caso emblemático ha sido el de YPF. Gracias a la activa intervención del entonces gobernador de la provincia de Santa Cruz, Néstor Kirchner, que presidía la OFEPHI (Organización Federal de los Estados Productores de Hidrocarburos), YPF fue privatizada y luego desnacionalizada, al admitir la compra de sus acciones por la empresa española Repsol.
Los servicios prestados por Kirchner fueron generosamente retribuidos por el presidente Menem -"el mejor presidente que ha tenido la Argentina", Kirchner dixit- quien reconoció a la provincia de Santa Cruz más de 600 millones de dólares por "regalías mal liquidadas", origen de los famosos fondos de esa provincia fugados al exterior.

Empresas y prebendas

El proceso de privatización del peronismo de los 90 fue acompañado de la aprobación mayoritaria de la población por una razón muy simple: todas las empresas públicas privatizadas, sin excepción, ofrecían servicios deficientes y generaban ingentes pérdidas que eran enjugadas en los presupuestos públicos.
Existía el convencimiento de que las empresas públicas eran caladeros de prebendas en las que pescaban militantes políticos, corporaciones sindicales y empresarios de "la patria contratista".
En su último discurso, la presidenta Cristina Fernández admitió que YPF "terminó presa de las empresas contratistas y de los partidos políticos de turno", aunque omitió decir que el "partido de turno" era el suyo.
En la literatura política se denomina spoil system (sistema de expolio) la explotación que un partido político hace de los recursos públicos para financiar su actividad proselitista, que utiliza de modo diverso, ya sea incorporando militantes en las empresas públicas, desviando recursos o utilizando desaprensivamente la infraestructura pública.
Técnicamente, se está en presencia de una malversación de caudales públicos, pero cuando esta práctica está instalada sólidamente en una cultura populista, no es objeto de reprensión penal.
Otra fórmula menos visible consiste en recibir prestaciones gratuitas de los concesionarios de servicios públicos. Un ejemplo reciente lo suministra un dirigente socialista de Santa Fe, quien ha denunciado que los colectivos que transportaron militantes de La Cámpora al acto de Rosario pertenecían al Grupo Cirigliano, el dueño de TBA la empresa con responsabilidades en el trágico accidente de Once.
Lo que explica también por qué los entes reguladores, controlados por el oficialismo, renuncian luego a su función de vigilancia, en agradecimiento a los favores recibidos.

Nueva ola reestatizadora

En los momentos actuales, -donde el peronismo se presenta bajo la máscara del kirchnerismo- se asiste al retorno de una ola reestatizadora, bajo una retórica que reclama la presencia del Estado como gesta recuperadora de una soberanía perdida.
Todos los indicios señalan el deseo inequívoco del actual gobierno de forzar un proceso de venta de las acciones de YPF, actualmente en manos de Repsol, a través de actos preparatorios consistentes en acusar al grupo español de haber desinvertido en actividades de prospección para posibilitar un espectacular reparto de utilidades.
La acusación está respaldada por datos incontrovertibles, pero se omite señalar que la curiosa operación de "argentinización" que ha dado lugar a la desinversión fue propiciada por Néstor Kirchner para que 25% del paquete accionario de la compañía YPF fuera a parar a manos de la familia Eskenazi, que en esos momentos pasaban por ser amigos del poder y, por consiguiente, "expertos en mercados regulados".
Los Eskenazi, a través del Banco de la provincia de Santa Cruz, habían sido los gestores de los famosos fondos fugados al exterior.
La eventual aventura de reestatización de YPF, en el contexto actual de vigencia exacerbada del spoil system, tiene todos los ingredientes para convertirse en un nuevo "caso Aerolíneas Argentinas", donde el Estado debe poner cada día dos millones de dólares para sostener financieramente a la compañía. El ejemplo ofrecido por el resto de empresas reestatizadas en los últimos años -Correo Argentino, ferrocarriles, Aguas Argentinas, etc.- tampoco ofrece perspectivas demasiado alentadoras.
Mientras el Estado argentino no ofrezca verdadera capacidad de gestión, todas las medidas reestatizadoras aumentarán los problemas actuales, tal como lo demuestra palmariamente el estado de abandono de las infraestructuras ferroviarias y las dramáticas consecuencias que se han podido apreciar en la tragedia de la estación Once.
Las empresas públicas terminan siendo un festín para concesionarios inescrupulosos, agentes públicos corruptos y sindicalistas devenidos en empresarios contratistas de mano de obra barata.
Los entusiastas partidarios del gobierno "nac&pop" deberían reflexionar sobre la incoherencia que supone defender el rol creciente del Estado, al mismo tiempo que en la práctica se apuntala un aceitado sistema de expolio concertado entre el partido en el poder y las tramas sindical-empresariales.
No deja de ser aleccionador mirar el caso de Brasil, que sí ha conseguido, a través de Petrobras, construir un conglomerado empresarial impresionante. Y esto ha sido porque ha sabido preservar la capacidad de gestión empresarial, conformando una empresa mixta blindada ante el clientelismo político.
Sin librarse de la pesada losa del spoil system; sin tener una visión compartida sobre el rol del Estado que evite la recaída en un nuevo pendularismo; sin fijar una política energética consensuada entre la Nación, las provincias y la oposición, que fije metas de corto, mediano y largo plazo, la Argentina seguirá condenada a repetir una historia de recurrentes fracasos.

(*): DyN.

Un valioso rescate histórico de aquellos primeros pescadores

La obra es el fruto de una investigación de siete años de Yves Marcelo Ghys, un experto en pesca y actividad portuaria devenido en historiador apasionado y coleccionista de fotografías.

Esas lanchas a vela, tiradas a caballo para dejarlas depositadas sobre la arena, forman parte del imaginario marplatense como símbolo del origen de la actividad pesquera en esta costa galana.
La imagen, ciertamente, estaba grabada en la memoria de la ciudad pero poco se sabía sobre esas embarcaciones y quienes las utilizaban.
Precedido de una investigación de siete años, termina de ser editado y está próximo a la presentación un libro que responde prácticamente a todas esas incógnitas, relacionadas con quienes fueron los primeros pescadores profesionales de Mar del Plata, allá en los años años 90 del siglo XIX.
Su autor es Yves Marcelo Ghys, un perito en piscicultura y caza marítima, que trabajó en el Instituto de Biología Marina y en el INIDEP, y quien con la edición del libro confirma su condición de historiador empírico y apasionado sobre las temáticas de la pesca y el puerto.

Textos e imágenes

La obra, también gracias a la edición fotográfica de Carlos González y al diseño de Jorge Paredes, resulta en una lograda simbiosis de textos e imágenes.
Ghys trabajó en la idea de que lo visual debía completar, sí o sí, lo conocido y relatado por él. De este modo, buscando grabados, fotografías e impresiones, recorrió los más importantes archivos, museos, bibliotecas y diarios de Buenos Aires, La Plata, Rosario y, naturalmente, de Mar del Plata, incluyendo gabinetes de universidades de todas las ciudades mencionadas.
Pero habría de ser el espacio Fotos de Familia, que en el diario LA CAPITAL administra el periodista Gustavo Visciarelli, el que le permitiera completar la colección de imágenes, especialmente por ofrecerle fotografías inéditas del "temporal del 24", aquel que destruyó el muelle Lavorante (a la altura de Punta Iglesia), donde hasta entonces desarrollaban su actividad pescadores sucedáneos de aquellos primeros que se internaban en el mar con lanchas a vela, mientras que otros, ya en esa década del 20, operaban desde el flamante y definitivo puerto de Mar del Plata.
"Los últimos pesqueros a Vela Latina de la Playa Bristol (Historia e Imágenes/Mar del Plata 1893/1925), tal el nombre completo del libro, "identifica --según precisa Ghys-- cincuenta y un pescadores de profesión censados en 1895, reconoce barrios primarios y ribereños donde habitaron estos lobos de mar, al igual que los diferentes lugares dentro del sector céntrico del balneario donde estuvieron: Playa del Bristol y Playa de los Pescadores, el Muelle Luro de 1878, Muelle de Gardela y Cía de 1905, el amarradero del Lloyd Mar del Plata de 1906 y, finalmente, el Muelle Lavorante de 1918, hasta que tuvieron que trasladarse al puerto de ultramar con sus embarcaciones. Además, pescadores y familiares debieron mudarse a un sector que supo llamarse barrio de los pescadores".
Los prólogos corresponden a otras dos destacadas personalidades de la ciudad como el arquitecto historiador Roberto Cova y al géologo doctor Ignacio Isla.

¿Y esas leyendas?

De la infinidad de "descubrimientos" que hace el autor se puede destacar su explicación sobre las leyendas e iniciales que aparecían en las velas de algunos de aquellos primeros pesqueros, refiriendo que se corresponden con las que aparecían en las llamadas "paranze" (embarcaciones a vela) del Siglo XVIII en las costas del Mar Adriático sobre la región de Le Marche, Italia, de donde fue originaria una parte de los pescadores que llegaron a Mar del Plata en la década del 90 del siglo XIX. Otra parte, tanto o más importante, procedía de Nápoles y de las islas Lípari y Eolias, al norte de la gran isla de Sicilia.
Ives Marcelo Ghys, hijo de un belga legendario que llegó al puerto marplatense en 1949, tras cruzar el Atlántico en una nave de mediano tamaño, vuelve a referir con emoción el último párrafo de sus palabras preliminares en el libro, con las que rinde homenaje a los "veteranos lobos de mar y lanchones a vela latina que pocos recuerdan. Mar del Plata ha crecido con el aporte de vuestro esfuerzo y responsabilidad, y desde estas líneas los evoco; ¡Nunca serán olvidados. Siempre serán recordados cada vez que una lancha amarilla cruce las colleras del puerto y se pierda en el horizonte o regrese al muelle con los frutos del mar!".
"En los últimos pesqueros...", también, se expresa un reconocimiento especial a los integrantes del Rotay Club Puerto Omar Fernández y Mario Brochón, y a Daniel Mario Poli del Hospital Virtual, sin los cuales la edición no hubiera sido posible, asegura Ghys.

La Argentina que fundó Mar del Plata

por Jorge Raventos Buenos Aires

El primer día de febrero de 1874, diez días antes de firmar el acta de nacimiento de Mar del Plata, el gobernador bonaerense Mariano Acosta tuteló la elección a diputados nacionales del distrito. La competencia presidencial recién tendría lugar en abril y Buenos Aires albergaba dos candidatos enfrentados: Bartolomé Mitre y el autonomista Adolfo Alsina.
El gobierno de Acosta, otro autonomista, previsiblemente declaró vencedores a los partidarios de Alsina (la lista la encabezaba el obispo de Buenos Aires, León Aneiros, y esa presencia eclesial no impidió que de ella participasen asimismo connotados adherentes a la masonería como Carlos Pellegrini, Bernardo de Irigoyen y Leandro Alem). Los mitristas denunciaron fraude y se prepararon para alzarse en armas, cosa que harían unos meses más tarde, cuando ya el apoyo de las provincias en alianza con el alsinismo bonaerense había impuesto el nombre del tucumano Nicolás Avellaneda como presidente electo para suceder a Domingo Faustino Sarmiento. Eran tiempos agitados.
El gobernador Acosta, pese a la reticencia del Departamento Topográfico de su gobierno, que prefería que la región tuviera su centro poblado en Balcarce, decidió acceder a la solicitud de Patricio Peralta Ramos de oficializar la fundación del pueblo de Mar del Plata. Quizás incidió el hecho de que Peralta Ramos había evolucionado comercialmente y amasado fortuna como proveedor de los ejércitos de Rosas y tenía en su pasado vínculos con La Mazorca, la Sociedad Popular Restauradora que nucleaba a los militantes más ásperos de Don Juan Manuel. El autonomismo mantenía muchos vasos comunicantes con el rosismo derrotado en Caseros.
Pero lo que probablemente influyó más fue la circunstancia de que don Patricio ofrecía tierras propias para desarrollar un pueblo que ya tenía vida pues, como puntualizaba en su petitorio al gobernador, contaba con “más de veinte casas de piedra, madera o ranchos ocupados por negocios de diversos géneros: botica, panadería, herrería, zapatería y otros ramos industriales (…) un molino de agua que puede elaborar la harina suficiente para las necesidades de la localidad (…) un muelle que costó treinta mil duros y una iglesia de piedra y cal con todo cuanto es requerido, que puede contener cuatrocientas personas”. Importante: también estaba listo un colegio municipal. Eran argumentos fuertes, de modo que Acosta, sin distraerse de las luchas políticas, decretó.
El país maduraba en medio del barullo, la pelea y los alzamientos. Avanzaba hacia la consolidación de sus instituciones, que adquirirían un impulso enorme con la federalización de Buenos Aires, en 1880.
En pocos años ese país se iba a convertir en la octava economía del mundo. En el cruce de siglo, de fines del XIX a inicios del XX, el ingreso per capita de Argentina era similar al de Francia y Alemania, mayor que el de Italia y España y más del doble que el japonés. Esa Argentina que asumió audazmente un rol en la globalización de la época, recibió inversiones, impulsó la producción y el comercio con el mundo, absorbió e integró millones de inmigrantes, les dio oportunidades de trabajo y los educó, les permitió progresar y elegir a sus representantes; unos años más tarde abrió plenamente las puertas de sus universidades.
Argentina creció de ese modo, cruzada por conflictos, luchas políticas, tumultos. Creció poblando, integrando y fusionando. Creció educando. Un año después de dejar la presidencia de la Nación, en 1875, Sarmiento aceptaba la Dirección General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires, para proseguir desde allí una tarea que había encarado desde la presidencia, en la que también había estado (y estaría) involucrado Nicolás Avellaneda, su sucesor.
Había que incorporar a las masas de extranjeros que ya empezaban a incorporarse raudamente a la Argentina. La población, que según el primer censo (1869) arañaba los dos millones, se duplicaría en el recuento de 1895 (más de 4 millones) y volvería a duplicarse en los 20 años siguientes ( 1914: 8.162.000 habitantes). El factor de aceleración eran los inmigrantes: en 1869 ya había un 10 por ciento, en 1914 serían más de un 30 por ciento (un 60 por ciento en la Ciudad de Buenos Aires, donde hasta los policías eran extranjeros). Es que entre 1886 y 1890 ingresaron casi 600.000 inmigrantes y entre 1901 y el Primer Centenario, el doble.
Aquella Argentina lo hizo. En materia de alfabetización, al doblar el siglo el país estaba por encima de muchas naciones europeas (España, Italia, Portugal, Grecia) o a la par de otras, como Francia. Por ese motivo acudían oleadas de hombres y mujeres de lejanos lugares a vivir en esta tierra, a convertirla en su hogar.
Si aquella Argentina pudo, ¿por qué no podría esta, que consiguió crecer a tasas infrecuentes en los últimos años merced a la demanda de países que hoy encabezan el proceso de globalización, como China (que, entre paréntesis, también demuestra que puede, pues lleva más de tres décadas creciendo, integrando, educando, promoviendo la movilidad ascendente de su población y convirtiéndose, como nación, en una potencia protagónica)?
Sólo se trata de entender el mundo en que vivimos, el cambio de época en el que nos encontramos y conducir la nave en el rumbo adecuado. Parece evidente que no lo haríamos si intentáramos competir en el mundo con baja productividad, es decir con bajos salarios. Lo que se necesita es avanzar con aquellas producciones en las somos o podemos ser competitivos, desde la producción de alimentos a otros sectores de alta tecnología y alta productividad. Eso requiere dotar a la población de las aptitudes y la formación que requiere la productividad.
Un subsidio es un parche temporario. Lo que la población requiere es que se la dote de otra cosa, de un capital, que es el conocimiento, el signo de esta era. De lo contrario, lo que se alimenta es una reserva de personal condenada a la precariedad laboral, a las bajas remuneraciones, al desempleo o la marginalidad.
Reconocer la realidad es la primera condición para transformarla. Hoy la fuerza laboral de la Argentina está muy alejada del nivel educativo que requiere la competencia mundial. Como término medio, de cada 100 personas que integran la fuerza de trabajo en Argentina, apenas 43 poseen 12 años de escolaridad (es decir, estudios secundarios completos). En Conurbano Bonaerense los números son más acuciantes: apenas un tercio alcanza ese nivel.
La escolarización primaria fue un primer objetivo que se plantearon aquellas generaciones que estaban activas cuando Mariano Acosta firmó el acta de nacimiento de Mar del Plata. En la segunda década del siglo XXI la meta no debería ser inferior a la plena universalización de la escuela secundaria. Hoy sólo uno de cada dos jovencitos en edad de conseguir el título secundario llega a obtenerlo. Un primer objetivo podría consistir en alcanzar a los más rezagados de Europa, donde el porcentaje no baja de un 87 por ciento.
Luego está el tema de la calidad de la educación. La calidad se puede medir y de hecho, se mide. El Programa Internacional de Evaluación de Alumnos (Pisa, por sus siglas en inglés) mide periódicamente los conocimientos de alumnos de 15 años, principalmente en matemática, lectura y ciencia. Argentina, que a fines del XIX y principios del XX le sacaba ventajas a Japón y a buena parte de los países de Europa, aparece muy atrás (número 58 entre 65) , inclusive de de otras naciones de la región, como Chile y Uruguay. En un rubro supera –en cierto sentido- esa performance: en disciplina los alumnos argentinos se ubicaron últimos.
¿Reflejan esos resultados la realidad actual más allá de la escuela? Probablemente. Allí se entrevé el decaimiento de la autoridad, el imperio del desorden, sombras seguramente de las pulsiones anárquicas o la inseguridad que reina en otros ámbitos; la ausencia de método, de paciencia, de aplicación al trabajo de estudiar, quizás la ilusión de que se pueden alcanzar metas exitosas por vías menos convencionales, por diagonales. También el espíritu de riña y confrontación.
En rigor, muchos de esos rasgos estaban presentes también en aquella Argentina que fundó Mar del Plata y que apareció como una promesa en el mundo del siglo XIX. Había debate, había trifulcas, había desorden, pero se consiguió construir por encima de ellos porque hubo coincidencias básicas y una mirada estratégica que supo tomar la oportunidad histórica y disponer las velas para embolsar el buen viento de la época.La Argentina que fundó Mar del Plata