Un año que no fue "aburrido"

por Marcelo Bátiz (para Agencia DyN)

La recesión ya arrastraba tres años, el déficit financiero ocho y ya se entraba en el noveno de un índice de dos dígitos de desocupación. Nada nuevo parecía haber bajo el sol, pero en el ánimo de la sociedad se percibía que ese 2001 tendría algo de particular.
La renuncia en octubre del año anterior del vicepresidente Carlos "Chacho" Álvarez asomaba como un anticipo. Cinco meses después, José Luis Machinea presentaba su dimisión como ministro de Economía y era reemplazado por quien se venía desempeñando en el área de Defensa, Ricardo López Murphy. Pero el paladín de la ortodoxia presentó un plan que se ganó el rechazo de los sindicatos, los gobernadores y hasta de sectores del propio oficialismo.
En dos semanas, el encargado de apagar el incendio fue Domingo Cavallo, que ya barruntaba su regreso a la función pública después de casi cinco años. Tras postularse él mismo como un probable jefe de Gabinete y alabar al presidente Fernando de la Rúa como "el Sarmiento del siglo XXI", el ex ministro de Carlos Menem volvió al Palacio de Hacienda en condiciones muy diferentes.
Su núcleo de acero se había desintegrado y apenas pudo conservar a Horacio Liendo como "asesor externo" y a Carlos Sánchez en una Secretaría de Industria en la que nunca estuvo cómodo. Entre sus secretarios contó con la colaboración de alguien que cobraría relevancia en el futuro: Débora Giorgi.
Lo primero que hizo Cavallo fue alabar a diputados y senadores. No fue un gesto de desprendimiento: necesitaba la urgente aprobación del impuesto al cheque, ese que él mismo había eliminado una década atrás. Tampoco fue el único caso en el que borró con el codo lo que escribió con la mano, si se recuerda que a pesar de haber sido el autor de la autonomía del Banco Central, hizo desplazar a su presidente, Pedro Pou, reemplazándolo "en comisión" por Roque Maccarone.

La ley de Déficit Cero

En julio, megacanje mediante, volvió a recurrir al Congreso en procura de otro favor. La ley 25.453 de "Déficit Cero", con un recorte general de gastos que implicó, entre otras cosas, una rebaja del 13 por ciento en jubilaciones y salarios del sector público. De todos modos, las cuentas del Tesoro de 2001 terminaron con un déficit financiero de 8.770 millones de pesos o dólares.
El malestar general no era difícil de percibir y bastaba recorrer las calles de Buenos Aires para presenciar las más variadas movilizaciones de los por entonces incipientes movimientos sociales. No obstante, De la Rúa y Cavallo no daban muestras de comprender la situación y se llegó a las elecciones legislativas del 14 de octubre con una confusión inédita: el oficialismo postulaba candidatos que se manifestaban abiertamente en contra de la política de Gobierno. Los únicos que la defendían eran los de Acción por la República, que en la ciudad de Buenos Aires consiguió la elección del delfín de Cavallo. Su nombre era Daniel Scioli.
La derrota del oficialismo fue aplastante, tanto como para obtener menos apoyo que la suma del "voto bronca" de blancos, nulos e impugnados. El gran vencedor, el peronista Eduardo Duhalde, advirtió que "el presidente debe escuchar el ultimátum de las urnas". No fue tan lejos como el ministro de Gobierno bonaerense, Raúl Othacehé, quien meses atrás había advertido que "si entre los justicialistas existiera una intención golpista, Fernando de la Rúa caería en 24 horas... qué digo 24, en 12 horas se terminaría".
Los hechos se fueron precipitando. El 1 de noviembre se anunció la "reestructuración ordenada" de la deuda y una rebaja de seis puntos en los aportes patronales de los afiliados a las AFJP, para por lo menos reanimar la gélida actividad interna: las ventas en supermercados mostraban un retroceso interanual del 20 por ciento y la recaudación del mes una caída del 11 por ciento. Poco después, se buscó ampliar los incentivos con la devolución de 5 puntos de IVA en las compras con tarjeta de débito y 3 con las de crédito.
Pero lejos de una respuesta favorable, los mercados bajaron su pulgar, con un riesgo soberano por encima de los 3.000 puntos y un constante retiro de los depósitos bancarios, mientras crecían las versiones sobre una posible dolarización.
Para completar el panorama, la renovación legislativa puso a dos justicialistas al frente de las cámaras: Ramón Puerta en el Senado y Eduardo Camaño en Diputados. Un simple viaje al exterior de De la Rúa dejaba a la oposición en el poder.
El viernes 30 de noviembre, nadie se dio por enterado del nombramiento de Mario Blejer como vicepresidente del Banco Central. El retiro de depósitos llegó a los mil millones de dólares y el Fondo Monetario anticipaba lo que iba a formalizar una semana después: no estaba dispuesto a aprobar un desembolso de 1.260 millones de dólares que a su vez trababa recursos de otros organismos multilaterales por 5.000 millones de dólares más. La Argentina estaba al borde de la cesación de pagos ya que no tenía fondos para afrontar un vencimiento previsto para el 20 de diciembre.

"Que se vayan todos"

El sábado 1 de diciembre se promulgó el decreto 1570, al que pocos días después se pasó a conocer popularmente como "corralito". Se limitaron las extracciones de todas las cuentas bancarias, incluso las salariales, a 250 pesos semanales. Para evitar más compras de dólares, se prohibió a los bancos dar préstamos en pesos y se restringieron los giros al exterior. En un vano intento por tranquilizar a la población, Cavallo salió a decir que las medidas no durarían más de "noventa días" para que no haya complicaciones en el canje de deuda. Sin embargo, en el texto del decreto no se mencionaba ninguna fecha.
Los mercados iniciaron el lunes 3 desbordados de miles de personas desbancarizadas desesperadas para que se les habilitara una caja de ahorro y el 8 de diciembre no hubo sábado ni Inmaculada Concepción que valgan, ya que hubo que seguir atendiendo interesados. Mientras, Cavallo regresaba de Estados Unidos con las manos vacías y un pedido de mayor ajuste.
La segunda quincena del mes arrancó con saqueos en los suburbios de Buenos Aires y en los principales centros urbanos del país.
La nota distintiva era la incorporación de la clase media a las protestas, con empleados y profesionales que al grito de "que se vayan todos" iban provistos de cacerolas, de las que un conocido dirigente empresario se valió para realizar los presentes de fin de año.
La declaración del Estado de Sitio no sirvió para apaciguar los ánimos. El desplazamiento de Cavallo el 19 de diciembre, tampoco.
Al día siguiente, la imagen del helicóptero partiendo de la Casa Rosada marcó el final de un período al que se le pueden asignar varios calificativos. Cualquiera, menos "aburrido".

Una larga historia de intentos por mejorar el Bristol Center

Por Ramiro Melucci

En 2002 fue creada una comisión en el Concejo Deliberante para su reordenamiento integral, pero se reunió sólo un año. También fueron promovidos pedidos de informe a las áreas de Planeamiento y Gestión Ambiental. Y hay un proyecto de ordenanza para declarar de interés público el mejoramiento urbanístico, ambiental, estético, edilicio y funcional del complejo.

La intimación que cursó la semana pasada la municipalidad al consorcio del Bristol Center -ubicado en la manzana de las calles San Martín, Buenos Aires, Rivadavia y Entre Ríos- no es el primer intento por regularizar la situación del controvertido edificio y mejorar esa zona neurálgica de la ciudad.
Pedidos de informe nunca contestados, proyectos no tratados con la profundidad suficiente y ordenanzas que se cumplieron sólo en parte son algunas huellas en el camino de una recuperación urbanística que, desde mediados de los años '70 hasta ahora, nunca se consiguió.
El 8 de agosto de 2002, el Concejo Deliberante aprobó por unanimidad un proyecto de ordenanza del entonces concejal de Acción Marplatense Eduardo Pezzati -actual titular del Consorcio Portuario- para crear una comisión mixta que debía encargarse del reordenamiento integral del Complejo Bristol Center.
La comisión, integrada por un representante del Ejecutivo, los bloques políticos y colegios profesionales, tenía objetivos de corto, mediano y largo plazo. En una primera instancia, se proponía buscar documentación, consultar la situación de dominio, estudiar los títulos y llevar a cabo un relevamiento del estado de ocupación del inmueble, eventuales deudas y acreencias privadas, municipales, inmobiliarias y fiscales. También de los litigios pendientes, las restricciones al dominio, embargos y derechos adquiridos, incluyendo las cesiones al municipio. En el mediano plazo, buscaría tomar medidas "para no seguir dependiendo de las conveniencias, tiempos y desidia del propietario-constructor del conjunto, cuya inacción suma, a los graves perjuicios urbanos, serios trastornos, inseguridades y avasallamiento de derechos a los casi mil propietarios-consorcistas de departamentos, locales y cocheras". Además, trataría de impedir que se agravara la situación con nuevas construcciones.
Los objetivos para el largo plazo eran dos: el primero, estudiar y analizar, en caso de que se considerase necesario, la expropiación del sector comercial; el segundo, evaluar la necesidad de hacer pericias sobre el estado de la estructura de las dos torres de departamentos.
La comisión se reunió periódicamente durante un año y dio pasos importantes en la regularización jurídica del Bristol Center, pero después, cuando su impulsor dejó de ser concejal, los encuentros nunca se retomaron.
Otro que también se preocupó por la ominosa postal del Bristol Center fue el concejal radical Fernando Rizzi. "Presenté dos pedidos de informe pero ninguno fue contestado por el Ejecutivo. No sabemos si los permisos de construcción caducaron o no", aseguró a LA CAPITAL tras leer que la administración de Gustavo Pulti le había dado 30 días al consorcio para mejorar el edificio y si no cumplía promovería una expropiación.
Rizzi presentó el año pasado un proyecto de ordenanza para declarar de interés público el mejoramiento urbanístico, ambiental, estético, edilicio y funcional del Bristol Center.
De ser aprobado, la Secretaría de Planeamiento Urbano estaría habilitada a disponer y ordenar las intervenciones edilicias que considerase pertinentes. También dispone la construcción de una marquesina unificada o falsa fachada que uniforme la imagen del basamento y cubra la que hay.
Rizzi entiende que el edificio no corre riesgo de derrumbe, sino que su problema es eminentemente estético. Por eso, pretende que la fachada tenga un tratamiento unificado de colores y diseño.
A su criterio, los espacios que no estén en uso deberían provisoriamente estar cerrados con portones. Por su parte, los hierros y las obras inconclusas del basamento tendrían que permanecer ocultas a la vista de los transeúntes. Es que los retiros de frente que se observan sobre las calles Buenos Aires y Rivadavia son usados como depósito por parte de los comerciantes. Según Rizzi, hasta se podrían hacer murales ornamentales para mejorar estéticamente el lugar.
El proyecto establece además la forestación de la acera de las calles Entre Ríos, Rivadavia y Buenos Aires con especies arbóreas resistentes al clima marítimo. "La idea es amortiguar el impacto negativo", dijo Rizzi. Para esto, el Concejo solicitó la opinión del área de Gestión Ambiental
"Este expediente fue presentado hace un año, pedí tratamiento preferencial en cinco sesiones y lo volvieron a mandar a comisión", se quejó Rizzi. Y agregó: "El informe que esperamos hace un año de Planeamiento, y que permitiría mejorar las cosas desde el punto de vista jurídico, no llega".
El Bristol Center fue originariamente concebido como una edificación de dos plantas destinadas al uso comercial y una torre para viviendas de 45 pisos. Contemplaba además tres subsuelos para cocheras y un basamento integrado por tres niveles destinados a la radicación de locales comerciales, esparcimiento y actividades socioculturales.
Comenzó a ser edificado a fines de la década del '60, pero la insolvencia de la empresa que encaró el emprendimiento detuvo la obra.
El Ejecutivo hizo gestiones para continuar la construcción, hasta que se presentaron interesados en hacerse cargo. Para entonces, el proyecto original había recibido fuertes críticas por su altura desmedida, que significaba un impacto agresivo al desarrollo urbano.
Finalmente, el municipio y los empresarios consensuaron una reducción de la altura y la construcción de dos torres más pequeñas de la calle Entre Ríos. La iniciativa fue autorizada en la sesión del Concejo Deliberante que comenzó el 5 de diciembre de 1974 y terminó en la madrugada del 6, en una jornada tristemente célebre por los tiros que hubo en el recinto -ver "El día que hubo tiros en el recinto"-. Sin embargo, la obra jamás fue culminada.
De haber sido construido tal cual fue proyectado, el complejo habría llegado a una superficie de 98.000 metros cuadrados. De los 400 locales comerciales previstos sólo hay alrededor de 140. Los locales externos son 59, pero muchos de ellos están cerrados o en malas condiciones. "Y dan lugar a que se desarrollen actividades al margen de la ley", denunció Rizzi.

El día que hubo tiros en el recinto

A la 1.40 de la madrugada del viernes 6 de diciembre de 1974, el Concejo Deliberante aprobó por mayoría, gracias al voto doble del presidente del cuerpo -el socialista Ricardo Junco-, la iniciativa para continuar la construcción del Bristol Center. Fue al cabo de una sesión que había arrancado a las ocho y media de la noche del día anterior y en la que grupos peronistas que habían copado la barra efectuaron disparos con armas de fuego.
El proyecto era polémico. De hecho, LA CAPITAL había abierto un espacio "de clarificación" para que las distintas fuerzas políticas se expresaran sobre la iniciativa enviada al Concejo por el intendente socialista Luis Nuncio Fabrizio.
Tras la votación, concejales que no acompañaban el proyecto advirtieron que recurrirían a la Fiscalía ante la supuesta violación de la ley que regula la proyección de conos de sombra sobre las playas.
Según reconstruye la crónica del diario, el desbande de la barra comenzó mientras tenía el uso de la palabra el concejal federalista Rodolfo Santamaría. El caso es que el edil mencionó en su discurso al jefe nacional de su partido, el ex marino Francisco Manrique, y las dos agrupaciones peronistas que hasta ese momento se mostraban enfrentadas por el proyecto en discusión se unieron para repudiarlo.
Luego, los militantes intentaron fijar sobre una pared un afiche con la efigie de la presidente María Estela Martínez de Perón y el secretario del Concejo trató de impedirlo. El epígrafe de una de las fotografías publicadas por LA CAPITAL relata el episodio: "Primero volaron sillas, hubo intercambio de puñetazos y luego se escucharon nueve disparos. Uno de ellos pasó a centímetros de la cabeza de Peláez (el secretario)".
Lo más llamativo fue que los disparos y los disturbios sólo consiguieron interrumpir la sesión pero no suspenderla. Al terminar la jornada, eso sí, el Concejo repudió los acontecimientos.
Lo mismo hicieron algunas fuerzas políticas por su cuenta. El socialismo consideró que lo ocurrido en el recinto fue "un acontecimiento repudiable y nefasto para la democracia".
"Barras regimentadas se dedicaron a molestar a los concejales opinantes mediante gritos, insultos soeces y cánticos partidarios, e intentaron utilizar la imagen de la señora Presidente de la Nación como pretexto para invadir el recinto e interrumpir la sesión del cuerpo deliberativo. Este hecho dio motivo a la intervención del secretario del Concejo para evitar que la barra ocupara el lugar destinado a los concejales, siendo agredido por armas de fuego por el grupo invasor", agregó.
Los radicales, por su parte, entendieron que los forcejeos, la exhibición de armas de fuego y su utilización posterior marcaron la culminación de hechos que calificaron como "la más vergonzosa jornada transcurrida en toda la historia del Concejo Deliberante". No se equivocaban.

Arancedo, su paso por Mar del Plata

por Oscar Lardizábal lardizabal@lacapitalmdq.com.ar

La designación del actual arzobispo de Santa Fe, monseñor José María Arancedo, como presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, hace oportuno un recorrido por su palabra como titular de la diócesis de Mar del Plata durante más de once años.
En particular la lectura de sus declaraciones a LA CAPITAL, a través de decenas de artículos, varios de ellos a páginas plenas, reflejan el estilo reflexivo, moderado y conciliador que le está atribuyendo la prensa nacional desde que se conoció la noticia del nombramiento, pero también muestran la firmeza de su pensamiento en momentos y períodos muy difíciles del país, y especialmente de Mar del Plata.
Arancedo llegó a la ciudad, manejando su propio auto y con la única compañía de su madre. Era noviembre de 1991, y el "obispo joven" que tendría Mar del Plata, como se anunció entonces, tenía 51 años. Edad plena que le daría la energía suficiente para remar contra corriente en una década, la de los `90, de individualismo y de exclusión social.
Las numerosas y extensas notas en el archivo se explican por la relevancia de su rango, pero tal vez más por su compromiso con la realidad, con las situaciones política y social, de las que nunca rehuyó cuando los periodistas lo consultaban.

Constitución y reelección

Un primer ejemplo de sus primeros tiempos como obispo de Mar del Plata: "no debe pegarse la reforma constitucional a la reelección", advertía en julio de 1993, cuando ya se iba camino del Pacto de Olivos y a la relección de Menem.
En pleno auge neoliberal, sus advertencias asemejaban voces en el desierto: "el mercado no siempre es solidario; en un proyecto de ajuste, de planificación, junto al capital, junto a la materia prima, junto al costo financiero, tiene que estar la carga ocupacional". Era setiembre de 1994, el consumo estaba por las nubes, y pocos se animaban a aguar "la fiesta".
En diciembre de 1995, el pedírsele reflexiones ante la Navidad, Arancedo manifestaba: "me preocupa un cierto individualismo egoísta que va como alejando al hombre del hombre...Va quebrando los lazos fraternos".
Tras su visita "ad limina" (la que los obispos realizan cada cinco años para informar y dialogar personalmente con el Papa), el obispo transmitió la preocupación de Juan Pablo II por "el cansancio de los buenos". "A veces --comentaba el ahora titular de la CEA-- la corrupción o la deshonestidad va creciendo con cierta impunidad y va como creando una suerte de escepticismo en muchos".
Así, el diálogo con un periodista de LA CAPITAL le daba la oportunidad de hacer teología práctica y orientación de vida: "yo diría que en una primera lectura parecería que el mal ha triunfado. Pero en una segunda lectura, cuando uno escarba un poco y habla con las personas, ve que no está tan mal todo, ve que aparece un dseo de superación, de cosa limpia, de grandeza".
Un equilibrio sutil pero evidente a la vez: la denuncia por el resquebrajamiento social y la decadencia moral (especialmente de la dirigencia moral), no impedía los mensajes de esperanza, basados en el Evangelio y en la observación de la reserva espiritual de la gente común.

De cara a la desocupación

Al entrar en el segundo lustro de los 90, también en el segundo lustro de su obispado marplatense, Arancedo toma un discurso aún más concreto y enfático para denunciar los graves efectos de la desocupación, y las consecuencia de un insertarse "salvaje" a un sistema globalizado que, una década más tarde, mostraría sus pies de barro. "La clase dirigente debe eludir el internismo partidario y preocuparse por establecer pautas en beneficio del bien común".
También tuvo expresiones anticipatorias sobre el tema de la deuda externa. En diciembre de 1997, a su regreso del I Sínodo de Obispos de América, y también trasladando el rumbo de Juan Pablo II, el obispo de Mar del Plata se refería a la necesidad de rescatar a país muy comprometidos como Haití, Honduras y Bolivia, pero mostrando ese estilo moderado que lo caracterizó siempre: "¿cómo tratar el tema del endeudamiento? No con el discurso de la protesta fácil, tipo "la deuda no se paga. Las deudas con compromisos que hay que asumir, hay que pagarlas".
Desocupación y crisis dirigencial son sus temas preferidos a medida que se acerca el quiebre de 2001. "¡No va a ser fácil che...!", contesta cuando una periodista de LA CAPITAL le pregunta si sería posible en la Argentina evangelizar a los políticos, como lo proponía el Sumo Pontífice. "Lo que yo veo en los políticos argentinos es que a veces quedan muy atrapados en el poder...y el político debe tomar conciencia de que estar en el poder es una tarea de servicio y hay que saber dejar a tiempo".
Resuelto para dar gestos, en particular para Mar del Plata es histórica su participación en una mesa redonda que tuvo lugar en 1999 en la sede del Partido Socialista Democrático, junto al entonces intendente Elio Aprile. Por primera vez un obispo visitaba la sede de un partido que por décadas tuvo una relación distante con la Iglesia.
En abril de 2000 expresa el perdón por los pecados cometidos por la Iglesia de Mar del Plata durante los años de la dictadura: "En los momentos difíciles de nuestra Patria la voz de la Iglesia y el compromiso de sus hijos no siempre fue lo suficientemente clara y efectiva para denunciar los atropellos a la dignidad humana y la violación de los Derechos Humanos".
En ese tiempo su suceden sus audiencias con representantes de los gremios más afectados, al punto que un comunicador le dice en una rueda de prensa que se había trasformado "en el secretario de Trabajo de Mar del Plata". Tras reconocerse muy preocupado por la situación del sector pesquero marplatense, señala seriamente: "hoy hemos tocado fondo en muchas cosas...el país está enfermo y requiere solucionar la deuda social".
Es llamativa la coincidencia de las fechas significativas de su obispado con el drama social del país. En diciembre de 2001 Arancedo cumplía diez años al frente de la diócesis de Mar del Plata, recorriéndola por sí mismo, apareciéndose muchas veces de incógnito en una reunión parroquial o de un grupo eclesiástico.

Tras el fracaso, la esperanza

Ya en 2002, un INDEC todavía no sospechado hacía saber que el 53 por ciento de los habitantes de la Argentina se encontraba bajo la línea de pobreza. "Como país --decía en esos días Arancedo-- hemos fracasado. La pobreza es tal vez consecuencia de muchas cosas, efecto de políticas erradas, de populismos que no han alcanzado a tener madureza, de planteos neoliberales que no han llegado a dar respuesta, de la falta de una idea de país que contemple a la totalidad de la gente".
En octubre de 2002, manifiesta que "en el país de la corrupción, de la mentira, de la violencia, de la pobreza, hay una clara responsabilidad de la clase dirigente".
Partió en 2003 hacia el arzobispado de Santa Fe expresando el mismo equilibrio que había marcado su paso por Mar del Plata: "se han vivido momentos difíciles pero veo signos de esperanza fuerte. En algunos sectores hay pequeñas mejorías pero en otros todavía golpean fuerte la desocupación y la pobreza".

Inmigración y sentimientos

Una colección de cartas de una sóla familia, creando un intercambio entre la madre que nunca se alejará de Galicia y su hijo emigrado a la Argentina --intercambio no sólo de información sino de sentimientos y miradas subjetivas--, pueden dar cuenta de cien años de historia de una temática en particular.
Así lo comprendió y lo demuestra en su último libro ("Una familia y un océano de por medio") la historiadora marplatense María Liliana Da Orden.
Doctora en Historia por la Universidad de Oviedo e investigadora en el Centro de Estudios Históricos de la Universidad Nacional de Mar del Plata, Da Orden da continuidad con este trabajo a una indagación que tuviera en 2005 su primer fruto editorial, "Inmigración española, familia y movilidad social en la Argentina Moderna. Una mirada desde Mar del Plata".
Esta vez recurre a una fuente que no utilizó con anterioridad, al serle confiada la valiosísima colección de cartas de una familia gallega protagonista de la segunda gran oleada inmigratoria en la Argentina, en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial
La editorial especializada en Ciencias Sociales de Barcelona "Antropos" presenta la obra de Da Orden con este concepto: "Sobre la base de testimonios personales y subjetivos --contenidos por esas cartas, y también fotografías-- el libro busca conjugar el tiempo socio-económico con el tiempo individual y familiar indagando en el papel que desempeñaron los lazos de parentesco en la emigración e inserción en la ciudad de Mar del Plata --"la perla del Atlántico"-- y las posibilidades de ascenso en un país que se vio afectado por crisis cada vez más frecuentes".
"La protagonista clave (en las cartas) es la madre que paradójicamente nunca pudo salir de su pueblo", dice la autora, cuyo libro contiene no sólo el recorrido por las epístolas sino también por documentos personales, fotografías, libretas de bancos, y rendiciones de rentas, entre otros elementos.
De este modo obtuvo los datos clásicos sobre la corriente migratoria de Galicia hacia la Argentina pero además interesantes referencias subjetivas sobre los vínculos entre familiares, sus emociones, sus sentimientos, y en particular la relación entre una madre y su hijo emigrado a la Argentina, siendo aquella una extraordinaria autodidacta, de gran expresividad en la escritura, y con un gran deseo --sin duda motorizado por la alejamiento de sus seres más queridos-- por saber de la Argentina, al punto de pedir que le fueran enviadas las ediciones de los diarios de Buenos Aires.
Es el tiempo de la España del franquismo, pero las cartas de esta época le permitieron a la historiadora remontarse generacionalmente hasta la década de 1860.
"Una familia y un océano de por medio", que lleva el subtítulo "La emigración gallega a la Argentina, una historia a través de la memoria epistolar", fue el resultado de un premio otorgado a Da Orden por la Diputación de La Coruña, el de ensayo histórico "Manuel Murguía".

Fin de la impunidad

El 2 de setiembre de 2003 el Poder Ejecutivo promulgó la ley 25.779 que declaró la nulidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, que impedian que los responsables de delitos de lesa humanidad fueran juzgados.
Hoy, a ocho años de ese hecho, y luego de que la Corte declarara, el 14 de junio de 2005, la inconstitucionalidad de estas normas, se desarrollan en el país nueve juicios orales y públicos por delitos de lesa humanidad cometidos durante la dictadura militar y están previstos que comiencen siete procesos más antes de fin de año.
La decisión de anular las llamadas "leyes del perdón" o "leyes de la impunidad" fue una de las primeras políticas sobre la necesidad de Memoria, Verdad y Justicia impulsadas por el entonces presidente Néstor Kirchner.
La Ley de Punto Final (23.492) fue promulgada el 24 de diciembre de 1986 por el entonces presidente Raúl Alfonsín, y estableció la paralización de los procesos judiciales contra los imputados de ser autores penalmente responsables de haber cometido el delito de desaparición forzada de personas durante la dictadura.
La primera ley de impunidad decía: "Se extinguirá la acción penal contra toda persona que hubiere cometido delitos vinculados a la instauración de formas violentas de acción política hasta el 10 de diciembre de 1983".
Sólo quedaban fuera del ámbito de aplicación de la ley los casos de secuestro de recién nacidos, hijos de detenidas desaparecidas en centros clandestinos de detención.
La Ley de Obediencia Debida (23.521) también fue dictada por Alfonsín el 4 de junio de 1987 y estableció una presunción iuris et de iure (es decir, que no admitía prueba en contrario) respecto de que los delitos cometidos por los miembros de las Fuerzas Armadas no eran punibles, por haber actuado en virtud de la denominada "obediencia debida" -concepto militar según el cual los suboficiales se limitan a obedecer las órdenes emanadas de sus superiores-.
En 2003, la diputada de Izquierda Unida (IU), Patricia Walsh, presentó en la Cámara baja un proyecto para anular las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, iniciativa que fue apoyada por el presidente Kirchner.
El 12 de agosto de 2003, la Cámara de Diputados, luego de un largo debate, aprobaba la ley por la que se declaran "insanablemente nulas" las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.
Con algunas excepciones, se pronunciaron por la nulidad los diputados del justicialismo y los de los partidos de centroizquierda e izquierda, pero entre estos últimos, el único que lo rechazó fue el representante del bloque de Autodeterminación y Libertad, Luis Zamora.
También votaron en contra los legisladores de los partidos de derecha, con el diputado Ricardo Bussi, de Fuerza Republicana, a la cabeza, acompañado por ucedeístas, cavallistas, partidos provinciales y seguidores de Ricardo López Murphy.
El segundo bloque en importancia numérica, el del radicalismo, decidió abstenerse, actitud que también adoptaron los diputados menemistas.
El proyecto con media sanción de Diputados pasó al Senado, que la convirtió en ley el 20 de agosto de 2003.
Antes de sancionar la anulación, el Senado aprobó por unanimidad darle rango constitucional del Convenio sobre Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y Delitos de Lesa Humanidad.
La entonces senadora Cristina Fernández de Kirchner fue la última oradora de la noche y sostuvo que "ninguna razón de Estado fundamenta los crímenes de lesa humanidad" y agregó que los derechos humanos "no son ni de derecha ni de izquierda".
En tanto, Carlos Maestro, jefe de la bancada radical indicó que ese partido se oponía ya que consideraban que el Congreso no está capacitado para anular leyes y que "esa es una atribución de la Justicia".
La ley que anuló las "leyes del perdón y de la impunidad" fue promulgada por el presidente Kirchner el 2 de septiembre de 2003.
Dos años después, el 14 de junio de 2005, en una decisión histórica, la Corte Suprema declaró inconstitucionales las leyes de punto final y de obediencia debida, lo que permitió que cientos de represores, civiles y militares, cuyos enjuiciamientos se interrumpieron en 1986.
El máximo tribunal, al resolver el caso de Julio Simón, un ex oficial de policía acusado de la desaparición forzada del matrimonio Poblete y de la apropiación de su hija, Claudia, también declaró la validez de la ley 25.779, por la cual el Congreso declaró la nulidad de aquellas leyes.

Fuente: Télam.

La idea era una monarquía constitucional

Desde La Plata Corresponsalía de LA CAPITAL

El 9 de julio de 1816 los diputados de las provincias concretaron la revolución que había comenzado el 25 de mayo 1810. A las dos de la tarde de ese día, tras largas idas y vueltas, rupturas, desacuerdos, internas y en medio de un complicado panorama exterior, congresistas de Buenos Aires y el resto de las provincias del interior declararon “sobre la faz de la tierra” la voluntad de “romper los violentos vínculos que las ligaban a los reyes de España”.
Nada sencillo, sostiene el doctor en Historia Fernando Enrique Barba que insiste en que el historiador debe ponerse en el lugar de los protagonistas de la época. La independencia era evidente desde 1810 y sin embargo “había tipos que eran timoratos en el sentido de hacer explícito lo que era implícito en las acciones”, asegura y dice entender la situación que atravesaban para tomar decisiones.
En Tucumán los diputados “dejaron todo abierto como para establecer una monarquía constitucional” en nuestro territorio: “Era la forma de ser aceptados por Europa”. ¿Para comerciar? “No, ya se comerciaba -dice Barba-. En esa época comerciabas con ellos o te morías”.
-¿Los protagonistas del Congreso de Tucumán eran políticos como los de hoy, con sus contradicciones y sus internas?
-No, la mayor parte de ellos era gente que tenía una posición totalmente tomada a favor de la organización del país y de confirmar la independencia argentina que para mí nació el 25 de mayo. Era otra cosa, nadie cobraba, muchos se pagaban ellos mismos los viajes y estadía porque no había dinero para viáticos.
-Había quienes coqueteaban con Gran Bretaña, quienes lo hacían con una monarquía Inca. ¿Todos por una misma causa?
-Lo de la monarquía Inca lo larga en un momento Belgrano pero yo creo que todos los que estaban ahí sabían que era imposible. Anchorena se reía y decía: “Quieren que los chocolates nos gobiernen”. Lo que se buscaba en ese momento era el apoyo de la población indígena del Alto Perú, lo que es actualmente Bolivia, porque era una supremacía total para la lucha contra los realistas que en ese momento estaban muy fuertes. También había algunos que suavemente hablaban de un sistema republicano pero la mayor parte de los diputados se inclinaba a favor de un sistema monárquico y lo dejaron abierto como para establecer una monarquía constitucional. San Martín mismo decía que la mejor forma era una monarquía al estilo británico, donde el rey reina pero no gobierna. Era la forma de ser aceptados por Europa. Hablar de república era hablar de Revolución Francesa y de todos los males que trajeron esas guerras permanentes que destrozaron los países centrales de Europa.
-¿Se buscaba el reconocimiento para poder comerciar?
-No, comerciar se comerciaba, pero para conseguir la independencia necesitás que te reconozcan desde el punto de vista diplomático. El momento en que se declara la independencia era uno de los más difíciles desde el punto de vista de la política exterior: Chile y el Alto Perú estaban ocupados por los realistas, la Banda Oriental había sido ocupada por los portugueses y para peor se produjo lo que se conoce como “La Restauración”, con la caída de Napoleón, donde los países de Europa apoyan a las monarquías que habían sufrido la prisión de su rey, como la de España. En ese momento las luchas por la independencia estaban rodeadas por todos lados. Estados Unidos, que podría habernos reconocido, estaba gestionando que España le vendiera Florida y si apoyaban a la revolución seguramente no lo iba a hacer. Cuando España vende Florida en 1823 después viene el reconocimiento de Estados Unidos y eso desencadena el reconocimiento de otras naciones. Después como acá no iban a comerciar con quienes no lo reconocieran a partir del 1 de enero de 1825 se produce el reconocimiento de Inglaterra.
-De todas formas, ¿había quienes buscaban un acercamiento a Inglaterra?
-Los proyectos monárquicos comienzan seriamente en 1918. Primero quisieron buscar un príncipe británico para que nos protejan, pero Inglaterra se niega porque le interesaba más el equilibrio del continente europeo. Ya había aprendido que lo mejor era el comercio sin meterse a gobernar. Era más barato, menos oneroso y menos riesgoso. Después buscaron un príncipe francés y después en 1820 se descubrió que estaban buscando, de la Casa Borbón, al príncipe de Luca, un pequeño Estado de Italia que no podía proteger a nadie. La idea de un monarca extranjero era para que la nación que nos mandara un monarca protegiera la independencia. Uno lo ve ahora y dice que es un disparate pero uno ahora sabe, y ve un montón de cosas que ellos no sabían. En un momento se hablaba de la inminencia de un ataque español apoyado por Rusia y por Francia.
-Que no resultó así, ¿verdad?
-En 1823 el ministro de relaciones exteriores de Inglaterra George Canning mandó una nota a Francia diciendo que no iba aceptar que ninguna nación apoyara España para reconquistar América. Pero el ministro Desolles le dijo: “Nosotros no tenemos nada que ver”, lo cual es cierto, pero eran habladurías. Ellos veían que se les venía el mundo encima, veían las luchas internas, que no terminaba la guerra con el Perú, la guerra de la independencia termina en noviembre del año ‘24 en Ayacucho, es decir que la gente en esos años veía el mundo más negro de lo que estaba. Porque las comunicaciones eran lentísimas, además eran rumores y llegaban y se comunicaban entre los diferentes americanos; eran noticias muy terribles que después uno sabe que no pasaron, pero ellos no lo sabían. Cuando uno estudia historia tiene que tratar de ponerse en el lugar y en el pensamiento de la gente que estaba en ese momento. No se puede juzgar ciertas cosas desde el punto de vista actual.
-Se declara la independencia política pero todos los manuales de historia nos dicen que quedamos en dependencia económica de Inglaterra.
-Sí, es real. Pero se da por lógica. ¡Ojo! La dependencia económica no es tan así como puede ser entendida hoy, lo que pasa es que Inglaterra era el mayor socio comercial pero ellos no venían a decir qué es lo que teníamos que hacer, porque no había capitales invertidos. Y venían naves de todos lados pero el porcentaje mayoritario era de origen británico, era la gran nación en esa época. En esa época comerciabas con ellos o te morías. Había un vínculo muy fuerte con los ingleses pero les pasaba a todos los países, nos guste o no nos guste.
-Al comienzo dijiste que la independencia no fue en 1816 sino en 1810.
-No cabe la menor duda en eso. Lo que pasa es que por cuestiones políticas no se declaró antes. En 1813 los tipos hacen la Asamblea General Constituyente para dictar una Constitución, que no se hace, pero se aprueba el himno, la escarapela, los símbolos patrios. Al final se hizo, pero todo esto hay que verlo en la situación interna y el contexto internacional en el que estaba el país. Había tipos que eran timoratos en el sentido de hacer explícito lo que era implícito en las acciones.
-¿El contexto exterior fue más propicio en 1816?
-No, más propicio para esconderse. Realmente era para meterse en la cama y guardarte un mes. No es tan fácil. Después uno ve los archivos de las cancillerías con todos esos peligros que en realidad no existieron nunca. Pero eso salió publicado después. Lo que más se tenía eran rumores y uno siempre piensa lo peor.
Por ejemplo que Francia ayude a España a reconquistar América. Después de que Estados Unidos reconoce la independencia sale la chorrera. En Inglaterra cuando vieron que Fernando VII no iba a hacer absolutamente nada salió el reconocimiento. La situación siguió siendo la misma porque ya todos sus cónsules y casas comerciales estaban montados. Lo que pasa es que el reconocimiento se hace en función de que nos podían prestar plata ?

"Sin acero seremos vasallos"




El general Savio y una historia de la metalurgia argentina

"Sin acero seremos vasallos"

"En 1945, con la finalización de la Segunda Guerra Mundial y la llegada de Perón al gobierno, se inicia una era industrialista en donde los primeros pasos los vuelven a dar las propias Fuerzas Armadas Argentinas, personalizadas en el general Enrique Mosconi en el sector petrolero y el general Manuel Savio en el sector sidrúrgico, pero ahora impulsados por un fuerte proyecto nacional".
Así refiere uno de los momentos fundamentales en la historia de la metalurgia argentina el ingeniero Matías Matínez Gamba (UNMdP), quien participó recientemente del ciclo de Cátedras Populares desarrollado por el ministerio de Desarrollo Social de la Nación.
"Metalurgia en la Argentina: colonia, albores del siglo XX y Peronismo" fue el tema de la charla taller que tuvo lugar en la sede de ADUM en Mar del Plata (Guido 3248).

"Hagamos la propia experiencia"

En su trabajo, este profesor de la materia "Tecnología de la Fundición" en el departamento de Mecánica de la Facultad de Ingeniería subraya palabras visionarias del general Savio:
"La industria del acero es la primera de las industrias y constituye el puntal de nuestra industrialización. Sin ella seremos vasallos. Rechazar la implementación de una industria porque no cuenta el país con todas las materias primas que ella requiere es una arbitrariedad, es obrar con ligereza, sin fundamento, puesto que son innumerables los casos contrarios de florecientes resultados. No nos dejemos engañar: hagamos la propia experiencia".
Es en ese año cuando el empresario italiano Agostino Rocca llega a la Argentina, un año después de fundar en Italia la Compagnia Tecnica Internazionale. "Desde sus inicios Techint será una compañía de neto sesgo innovador", destaca el ingeniero Martínez Gamba.
Y es también en 1945 cuando por impulso de Fabricaciones Militares se produce la primera colada de arrabio en los Altos Hornos de Zapla en Palpalá, Jujuy. Poco después, en el marco del 1º Plan Quinquenal, se crea la Sociedad Mixta de Siderurgia Argentina en San Nicolás (SOMISA). Savio fue el inspirador de la ley 1.2987 que dio origen al Plan Siderúrgico Nacional.
La súbita muerte de Savio, a los 56 años, afectó al proyecto, como también resultó de la caída de Perón. "A la Revolución Libertadora no le interesa una industria pujante de origen nacional y la paraliza", señala el investigador de la UNMdP. Será entonces el presidente Arturo Frondizi con su política desarrollista quien fomente el relanzamiento de la industria.

Dálmine en la Argentina

El trabajo de Martínez Gamba incluye una interesante reseña sobre la vida de Rocca, el fundador de Techint. Tras una corta carrera militar, quien habría de ser el fundador de Techint obtuvo en Italia el grado de ingeniero siderúrgico y comenzó a desempeñarse en la compañía austro-germana Mannesmann que producía los tubos para la fabricación de cañones de gran calibre. En los años de la posguerra el fuerte impulso a la obra pública en Italia comienza a demandar tubos sin costura para el tendido de gasoductos y acueductos.
En los años treinta, y tras haber alcanzado un puesto de máxima responsabilidad en el Instituto de Reconstrucciones Industriales italiano, el emprendedor comienza a distanciarse del fascismo y ya en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial es encarcelado por sospechas de colaboracionismo con los aliados.
En 1946 se establece en la Argentina y ya durante la segunda presidencia de Perón Rocca ha fundado Siderca, Propulsora, Cometarsa, Santa María y Losa, todas compañías que habrían de evolucionar de manera sostenida.
Hacia 1949 surge la gran fábrica de tubos sin costura en Campana, que Rocca llamó Dálmine SAFTA "recordando a aquella fábrica italiana en la cual se formó trabajando y la que luego llegó a dirigir, y varios años más tarde a adquirir".
Ante una coyuntura desfavorable, en el último tiempo de la segunda presidencia de Perón, la inauguración de la planta de Campana se posterga y Rocca entonces orienta inversiones hacia Veracruz, México, donde en 1952 comienza a funcionar Tamsa, otra de sus compañías que se concentra en tubos sin costura.
Dálmine SAFTA es inaugurada finalmente el 16 de setiembre de 1954. En los primeros cinco años contrata 1.300 empleados y llega a producir 30.000 toneladas anuales.
Actualmente esta gran planta se denomina "Tenaris Siderca" y tiene una capacidad de 850.000 toneladas anuales, siendo el puntal del llamado Grupo Techint.
Además, el trabajo histórico del ingeniero Martínez Gamba destaca al físico y tecnólogo Jorge sábato (quien fue el organizador del primer curso de Metales y del departamento de Metalurgia en la Comisión Nacional de Energía Atómica, CNEA), y hace un rápido recorrido por la creación y trayectoria de la Unión Obrera Metalúrgica.



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